TRES MOMENTOS CASI NAVIDEÑOS

Urbano Pérez Sánchez

TRES MOMENTOS CASI NAVIDEÑOS

[Trieste, inédito]

3

Los del tercero han tendido la colada.

Prendas corrientes de diversos colores (alguna con

demasiados lavados a su espalda), a las que agita de manera

brusca el viento.

En el flanco izquierdo ha aparecido una nube. De la ventana

de enfrente sala una luz amarilla que contrasta con la pátina

gris que ha adquirido la fachada.

Sé lo que va a pasar, como el que ve por segunda vez una

película de crímenes y se concentra en las víctimas.

2

Ella, a la que no ve porque están a oscuras en el dormitorio,

le ignora. Emite pequeños gemidos, monosílabos fallidos,

cuando cambia de postura. Él habla sin parar -como si se

desahogase consigo mismo- mientras se viste con cierta

dificultad. Abrocha la mitad de los botones de la camisa, no se

pone el cinturón ni ata los cordones de los zapatos. Se acerca

por su lado y besa aquella porción de negrura caliente que es

su mujer. Permanece en silencio. Sale de la habitación y va al

salón donde enciende un cigarrillo. Del monte se derrama una

bruma ligera como el humo que exhala -va bajando lentamente

sobre las superficies de castaños-. Apaga el cigarrillo y coge

las llaves de casa y la cartera. Cierra de un golpe la puerta. Mis

hermanos y yo aún dormimos.

1

Emma, a la que no veo porque estamos a oscuras en el

dormitorio, me ignora. Sabe que he vuelto porque tira del

edredón de plumas hacia arriba. Le hablo mientras me desvisto

deprisa. No son las diez aún y son vacaciones. Me meto en la

cama y agarro su cintura. Ella deja su pierna muerta sobre la

mía. Respira. Nada más. Le cuento que llevo toda la mañana

dando vueltas a ese sueño. Todo es muy real en él: mis padres

en su habitación, mis hermanos, yo en la mía, a excepción de

una cosa. Estoy dormido pero a la vez los veo a ellos en medio

de la oscuridad, como si llevara gafas de visión nocturna.

Alguien como él, parco en palabras, hablando

ininterrumpidamente. Como yo. Me hace pensar que tal vez

sea ésa nuestra marca de hombres: Hablarle a la oscuridad, a

nuestra propia incomprensión en voz alta.

Tres momentos.Modo libro

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