FEMEN O VER LA PAJA EN OJO AJENO Y NO LA VIGA EN EL PROPIO

Elvira Navarro

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1.- Elegimos nuestra mejor foto de perfil en Facebook o Twitter, y mejor suele ser sinónimo de salir guapa. La buena de la película o de la serie es siempre un pibón (y la mala a menudo). Cuando nos arreglamos para ir a una fiesta y nuestras amigas, amigos, novios, parentela y etcétera nos dicen Qué guapa vas, normalmente nuestro atuendo no coincide con el de una monja ni con nada que nos masculinice. Gastamos dinero en cremas y maquillajes que palien o disimulen el terco empeño de nuestra piel en dar cobijo a manchas, a caídas poco lozanas, a grietas. No obstante lo apuntado, nos quejamos de que la publicidad use patriarcalmente el cuerpo de la mujer para vender (ese uso que nuestros vestidos de fiesta y nuestros perfiles de Facebook ratifican), y nos escandaliza que las activistas de Femen, en lugar de parecer feministas al uso, es decir, negadoras del cuerpo y/o de los estereotipos sexistas, los reproduzcan. Sin embargo, ¿estamos tan seguras de que los reproducen? Si estas activistas se valen de sus cuerpos no para gustar, sino para protestar, ¿no empodera eso al cuerpo desde un lugar distinto y liberador? ¿Por qué desactivar la posibilidad de resignificar? ¿Qué esconde el que prefiramos pensar que esas formas las carga el diablo? ¿De qué lado está aquí el machismo?

2.- Quitando que basta con ver acciones de Femen en Youtube para comprobar que algunas activistas están lejos de cumplir con el canon de belleza, la crítica a este colectivo por perpetuar el imaginario sexista reivindica por la vía negativa otros estereotipos desde el momento en que niega la posibilidad de que la imagen de Barbie sirva a otras causas distintas a las que la generaron.

3.- El discurso de Femen es simplista y no podemos tomárnoslo en serio: otra falsedad. Lo simplista es pensar que todo lo que no ha sido elaborado intelectualmente no tiene importancia. Aunque no se arropen con filigranas conceptuales, e incluso asumiendo las contradicciones que puede acarrear la falta de análisis, lo que defienden no es una simpleza. Cito a la escritora y bloguera feminista Beatriz Gimeno, que escribió en un artículo titulado “Femen, ¿por qué nade está con ellas?” lo siguiente: “quizá no estamos teniendo en cuenta el contexto sociocultural en el que surge Femen, muy diferente del nuestro. Femen es fruto de una historia política y una sociedad radicalmente diferente (al menos en los últimos 50 años) de la muestra: la de los países ex socialistas y ahora ortodoxos y brutalmente neoliberales; una cultura que  se ha dado de bruces con la situación actual de reacción neoliberal antifeminista pero que no ha conocido las luchas feministas de los años 70 y 80; una sociedad y una cultura política que no ha  conocido tampoco políticas de Estado a favor de la igualdad y en la que la igualdad de género no ha sido jamás un tema en la agenda política de ningún partido. Las propuestas feministas de Femen nos suenan a nosotras increíblemente ingenuas, casi anacrónicas. La entrevista publicada en el diario Hoy hace unas semanas revela esa ingenuidad y nos muestra un feminismo puramente defensivo y poco elaborado teóricamente. Hace 30 años también yo veía debates en la televisión en los que se acusaba a las feministas de ser feas e ir mal vestidas y peinadas. Es posible que las feministas de Femen no hayan incorporado la teoría queer a sus planteamientos, pero de lo que no cabe duda es de que sufren formas brutalmente patriarcales que nosotras creemos en ocasiones haber superado, lo que no es cierto; tan sólo las hemos estilizado”. Recordemos asimismo que Femen no ha dejado de ser percibida por algunos gobiernos como un peligro, y que a causa de ello hay activistas encarceladas. Por otra parte, sabemos que las luchas sociales se vehiculan, entre otras cosas, a través de eslóganes que suelen ser simples. Contar con apoyos masivos implica movilizar con mensajes sencillos que funcionan como catalizadores de determinadas circunstancias. Y sea como sea, basta con que intentemos explicar cualquiera de las causas que defendemos para darnos cuenta de que la torpeza de los argumentos no le resta valor a nuestra empresa. Tratemos por ejemplo de argumentar por qué torturar está mal: es muy probable que naufraguemos en tosquedades conceptuales y esencialismos. ¿Hace eso que luchar contra la tortura sea una estupidez?

4.- El fundador de Femen es un hombre poco feminista según el documental Ucrania no es un burdel, y eso no es muy ortodoxo: amén de que no está claro si en el documental este señor, Victor Svyatski, dice la verdad, ¿acaso el origen lo determina todo? ¿No se parece demasiado esto a lo del pecado original: si hemos nacido impuros nos toca penar, no ser nunca dignos de credibilidad ni de acciones nobles? ¿Por qué nos parece más fiable la pureza?

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