UNA POÉTICA DEL DESECHO

Conchi L. Andrada

Ben Clark, Basura, Salamanca: Delirio, 2011.

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En aquel célebre sketch de los Monty Python el menú ofrecía distintos platos pero todos contenían “spam”: «Well, there’s egg and bacon; egg sausage and bacon; egg and spam; egg bacon and spam; egg bacon sausage and spam; spam bacon sausage and spam; spam egg spam spam bacon and spam…» Ben Clark (Ibiza, 1984) se ejercita en Basura en una suerte de spamming poético. En la primera y última hojas del libro vemos repetida la palabra SPAM hasta el infinito (en un momento dado, se juega con la palabra MAPA), inmejorable ilustración de lo que vamos a encontrar en su interior. El poeta se desenvuelve en la memoria del vertedero, en esos espacios y contenedores de residuos que constituyen los márgenes de nuestro territorio. Unos límites que el poeta observa con desencanto y sarcasmo: «Ser útil,/ ser amado,/ ser necesario./ Y si no, ser basura, hijo mío». La basura como centro temático que se despliega a lo largo de poemas que tienden a la brevedad y a la precisión formal. Son poemas que se distancian de desbordamientos líricos insustanciales: Escribir poco en un país de excesos.

Al igual que Michel Houellebecq,1 el poeta se interesa por el mundo como supermercado, nuestro no-lugar de recreo generador de basura: «Tengo un carro de Eroski con las ruedas/ desgastadas (chirrían y es molesto)». Principio de las ruinas de un mundo que se pudre y consume (consumiendo): «por las ruinas de centros comerciales,/ por escuelas sin techo,/ por gimnasios roídos por el óxido,/ por piscinas vacías, discotecas/ enfangadas y plazas sin palomas».

En los versos de Ben Clark se materializa la percepción de la basura como derroche, como sobra que nuestro mundo necesita recoger y ocultar («La basura como víctima/ indefensa, dependiente»). La basura siempre se trasporta a otro lugar, a un lugar donde no se vea, ni se huela, con la esperanza de que desaparezca. Como expone Zygmunt Bauman,2 la producción de desechos es un mecanismo esencial de las sociedades modernas, generadoras de residuos tanto materiales como humanos que se amontonan en los márgenes de las ciudades (vertederos, entornos marginales). La basura se compone, también, de personas: «Policía./ Prohibido rebuscar en la basura./ Documentación». El poeta se trasforma en el desecho humano, en el excluido, en el mendigo que lee la prensa impresa y muerta de este nicho.

Basura se abre a la disparidad de cada experiencia, así, en el devenir vertedero, la basura puede llegar a convertirse en una configuración hermosa; el poeta escarba, rebusca en la belleza del desecho, en lo que se ha concebido como efímero: «pero yo os diré ahora que es hermoso,/ que es un momento bello de la Historia./ Sólo entonces podrá el Hombre medirse/ con su idioma paupérrimo y ambiguo (…)».

Poesía heterodoxa la de Clark. Trasvase de escritura(s) y territorios. Tradiciones y reciclajes. Volviendo a los Monty Python: «Spam! Lovely spam! Lovely spam!».

Algunos poemas de Basura:

 

El capitán Charles Moore adora el plástico.

Él sabe que el océano es vencible

y sueña en la cubierta con un largo paseo:

desde las rocas serpentinas de Baker Beach

(donde antaño corría la leyenda

del joven Albert Kogler y el gran tiburón blanco)

hasta el puerto de Kushiro y su verano breve.

Es un hermoso sueño, piensa Charles

–boca arriba en el centro del Pacífico–,

colmado de basura y de paciencia.

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Acumular es siempre acumular.

Significa lo mismo en todas partes.

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Es la lluvia también una forma de desecho

arrojado con rabia sobre el zinc,

sobre el capó deportivo,

sobre los árboles podados y las cenizas.

Pero ha de llover, dijo el poeta,

sobre todas las cosas y también

sobre los nichos derribados de Potríes

y sobre el vertedero donde llevaron los escombros.

Esta lluvia basura caerá

sobre las tres mujeres que rebuscan

para encontrar los huesos profanados.

Lloverá sin limpiar,

y un día estas mujeres morirán,

y los restos queridos

se irán al vertedero, como todo.

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Para saber a qué se referían

le añadían «basura» a las palabras:

hipotecas, comida, televisión, contratos…

Ya no hubo confusiones pero nadie

quiso indagar por qué fue tan sencillo.

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1Michel Houllebecq, El mundo como supermercado, Barcelona: Anagrama, 2005.
2Zygmunt Bauman, Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias, Barcelona: Paidós, 2005.
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