RESISTIR EN EL MARGEN

Marie Menard

She died a famous woman denying 
her wounds 
denying 
her wounds came from the same source as her power.

ADRIENNE RICH, “Power(1974 – 1978).

Por medio de la subversión y desnaturalización de mitos y normas pueden hacerse patentes las dinámicas de exclusión y reclusión que el poder ejerce sobre los sujetos. El entramado que conforma los discursos dominantes puede ser desarticulado por medio de acciones que, tanto a nivel cultural como político, persigan una redistribución del poder junto con el reconocimiento social de los excluidos. Aunque breve y fragmentaria, les proponemos aquí una muestra de algunos de los discursos que la resistencia (marxista, anticolonial, feminista, queer…) ha ido elaborando en su lucha contra la hegemonía (capitalista, occidental, masculina y heterosexual).

La primera parada es una invitación al teatro y al cine con M. Butterfly (1988), obra de Henry David Hwang adaptada a la gran pantalla por el mismo autor en una versión dirigida por David Cronenberg (1993), en la que encontramos una interesante subversión de la historia de la Madama Butterfly pucciniana. A través de la aventura amorosa que el diplomático francés René Gallimard emprende junto a la cantante de ópera china Son Liling, se exploran diferentes mitos referentes a temas relacionados con el colonialismo, la heterosexualidad, o el sexismo. La ópera de Puccini guía a los protagonistas de la versión de H. D. Hwang hacia un romance ilícito en el que no siempre los personajes se desenvuelven de acuerdo al arquetipo de la historia original. La versión teatral de M. Butterfly presenta el testimonio de un Gallimard encarcelado por traición que recuerda, de forma fragmentaria, su perfecta historia de amor con Song, truncada tras la revelación de la verdadera naturaleza de su Butterfly, que resulta ser un espía del régimen chino.

En M. Butterfly somos testigos del poder de seducción que el mito cultural de Butterfly ejerce sobre Gallimard, originando un deseo que Song corporizará a través de una perfomance íntima de una Butterfly acorde con las fantasías del occidental. Puede decirse que Gallimard moldea la realidad a través del filtro cultural dualista y heteronormativo de Occidente, abandonándose a fantasías que no son sino proyecciones fantasmales de un mundo que no funciona de forma tan simple. Por su lado, en el film de Cronenberg se añade otra dimensión en la que se presenta a una Song que se aferra a la única oportunidad de expresar una identidad que no está dentro de las posibilidades que se ofrecen al individuo en su cultura. Con el suicidio de Gallimard en prisión ataviado como Butterfly, se pone fin de forma trágica al mito occidental de dominación masculina y, con ello, al dominio colonial sobre un feminizado y sumiso Oriente.

En el universo de alteridades jerarquizadas disimétricamente que corresponde a cualquier sistema cultural dualista, tiene lugar una escisión del sujeto a través de procesos de negación y exclusión. Esta separación dará lugar a conflictos identitarios dentro del individuo que acabarán afectando a la visión de su posición dentro del sistema. En Black Skin/White Masks, Frantz Fanon expone el trauma que supone para el sujeto colonizado darse cuenta de que nunca podrá alcanzar la blancura que le han enseñado a desear, pero tampoco podrá nunca desprenderse completamente de la negrura que ha aprendido a devaluar. Una vez comprendida la naturaleza del conflicto, sólo caben la sumisión consciente o la lucha por la readmisión de ese otro colectivo.

En el proceso de lucha, se hace evidente la necesidad de reconcebir varios aspectos fundamentales de la cultura, uno de cuyos pilares es el lenguaje. Poetas como Audre Lorde o Adrienne Rich han insistido en la unión de poesía y política, que a través de la creación de un lenguaje propio puede rasgar el velo de silencio que impide la visibilidad social de ciertos colectivos. De la desarticulación de las metáforas que estructuran el pensamiento hegemónico se ha ocupado en gran medida Gloria Anzaldúa, que insta, como primer paso para la readmisión del otro, al abandono de los modelos binarios que reducen la condición humana a binomios, dando paso en su lugar a una cultura híbrida, mestiza. Ser deslenguadas, superar la Tradición del Silencio; dar voz, y así cabida, a lo abyecto: al dildo, a la menstruación, al homosexual, al aborto, a los yonkis, a las violadas sin sentimiento de culpa, a los transexuales, a los sidosos, a las putas vocacionales… a los descastados.

Desnaturalizar, subvertir, pervertir. Los colectivos marginados se han enfrentado con frecuencia al lenguaje hegemónico a través de la reapropiación de términos ultrajantes o de nuevas lecturas de opresores mitos culturales. La figura de Calibán, el bestializado esclavo isleño de La Tempestad de Shakespeare, ha sido reivindicada desde el colectivo caribeño como símbolo de la lucha contra la injuria imperialista; la elección del término queer por parte de este colectivo, tal como hace el black power o el colectivo chicano, supone la subversión de un término despectivo y devaluado y su reapropiación como emblema de orgullo.

Otro importante frente de lucha es el abierto contra el biopoder. En este sentido, es imprescindible la denuncia que hace Judith Butler del imperialismo heterosexual masculino, a través del cual se impone sobre los individuos una normativa implícita por la que el miedo a la abyección (no sólo social y cultural, sino también económica y política) les hace asumir uno de los dos roles posibles delimitados por el sexo de cada individuo. Sin embargo, para Butler el sexo no es simplemente una categoría pre-cultural y biológicamente determinada, sino que al igual que ocurre con la categoría del género, es altamente performativo. De forma similar, la identidad no sería más que algo en esencia fluctuante, que acaba por parecer unitario debido a la normalización que resulta de la repetición.

Mirando a nuestro alrededor es fácil aceptar que vivimos en un mundo desnaturalizado; el capitalismo avanzado parece un sistema que promueve leyes naturales sin naturaleza, reproducción sin sexo, crecimiento económico sin desarrollo, flujo de crédito sin dinero. Por esta misma razón, no debería ser la biología la que establezca la identidad del cuerpo, sino el propio deseo. Para muchos, la tecnología está en el corazón del proceso de difuminación de divisiones categóricas entre uno mismo y el otro. Es el caso del sujeto cyborg que propone Donna Haraway como superación definitiva del dualismo biológico. En la visión conciliadora de Rosi Braidotti aparece el sujeto nomádico que, en un mundo mediado por la tecnología y étnicamente mezclado, elige su identidad en función de dónde está y cómo se va desenvolviendo. Una propuesta más radical es la de Beatriz Preciado que, en un particular uso del cuerpo como campo de batalla, denuncia la dictadura farmaco-pornográfica a través del empleo de la testosterona como droga de poder, subvirtiendo el statu quo que pretende perpetuar la biopolítica. Desde una concepción performativa de la identidad parece posible desproveer de sus armas a los imperialismos, en cualquiera de sus formas, mostrando raza, sexo y género como ficciones culturales. Desde el ataque al concepto de identidad y a su lógica interna de reconocimiento de igualdad y relocalización dualística del otro, operativa desde los tiempos de Platón, se puede posibilitar el reconocimiento cultural y la redistribución política, creando «un foco de resistencia al punto de vista “universal”, a la historia blanca, colonial y hetero de lo “humano”» (Preciado).

 Your Body is a Battleground, Barbara Kruger (1989)

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