¿HAY ESPERANZA DE DEJAR DE ESPERAR LO ESPERADO?

María González

En una sociedad cada vez más democrática, los hombres también están reivindicando la valoración de modelos masculinos no hegemónicos y pacíficos.

OLIVER Y VALLS, 2004.

Nos sonarán las frases del tipo «compórtate como una señorita» o «eso no es para chicas», con las que, desgraciadamente, a muchas de nosotras nos habrán recriminado comportamientos que no son “propiamente femeninos”. Pero ¿de qué hablamos al decir que un comportamiento es propiamente femenino? Pues no hablamos más que del conjunto de conductas y valores que social y culturalmente se han asociado a la mujer. Como ya vislumbrara Sandra Bem (1975), a cada sexo se le atribuyen roles y características diferentes (a los hombres habilidades instrumentales y a las mujeres habilidades expresivas) reflejados por los estereotipos de género. Pero hay que aclarar que estos estereotipos son plenamente culturales aunque la normalización de dichos roles nos haga pensar que sean biológicos. Tengamos en cuenta que, a lo largo de los siglos, hemos normalizado este sistema sexista asumiendo teorías más o menos biológicas que pretenden justificar nuestro comportamiento. Como prueba la siguiente escena:

–Papá, mamá, quiero hacer “x”.

–Pero ¿cuándo has visto tú a una mujer hacer “x”?

–Pero…

–Por algo será…

La historia, donde la mujer ha sido invisibilizada, se utiliza como argumento para mantener los roles de género que justifican la existencia de trabajos reservados sólo a los hombres y de lugares vedados a las mujeres. Ya nos decía Burning que frases como «¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste?» nos indican que no todos los ámbitos y los lugares son apropiados para una mujer. O como «estas no son horas para una chica…». Frases que probablemente todas hemos oído a lo largo de nuestra vida, que encuentran explicación en la pretendida fragilidad de la mujer, necesitada de un hombre fuerte y valiente que la proteja, y que, por supuesto, ella no debe provocar acudiendo a ciertos sitios a ciertas horas.

Pero esta asunción estricta de los roles en función del sexo también ha afectado a los chicos, a quienes, al igual que a las chicas, se les ha obligado socialmente a adquirir una serie de valores y comportamientos determinados, recriminando al chico que tuviese el valor de comportarse como una chica. Y es que no debemos olvidar que el sexismo anula la integridad de la persona, sea ésta chica o chico. Una obviedad a veces oculta es que, para erradicar la violencia de género, hay que luchar por la igualdad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres, acabando con esta jerarquía patriarcal. Para ello hay una línea de trabajo definida por la lucha de la mujer; sin embargo, desde hace poco se ha abierto una nueva vía, fundamental para erradicar la desigualdad, que consiste en trabajar con los hombres. No olvidemos que la sociedad inculca a los chicos unos valores que fomentan la reproducción de la desigualdad y que es esta “masculinidad tradicional” la que fundamenta la sociedad patriarcal. Es, por tanto, en esta concepción dañina de la masculinidad donde hay que incidir más para erradicar este tipo de sociedad desigual.

Los trabajos con estereotipos de género como los de Díaz Aguado (2009) han demostrado que, sin embargo, los roles masculinos siguen siendo muy resistentes al cambio. Un punto preocupante es que, mientras que las chicas/mujeres perciben la superación del sexismo como una ganancia, nos encontramos con que los chicos/hombres la perciben como una pérdida. Y este es un punto donde es importante incidir a la hora de plantear una intervención con chicos/hombres. Afortunadamente, esta situación lentamente va cambiando.

Lo cierto es que, en relación con el tema de la violencia de género, los medios de comunicación se centran en las actuaciones hechas por mujeres y dirigidas a las mujeres y dejan al hombre a un lado, cuando es una parte fundamental de esta realidad. Por eso, con este pequeño escrito quiero realzar el trabajo que se está realizando en este sentido, la lucha de los hombres y la intervención con chicos para fomentar lo que se ha dado en llamar “nuevas masculinidades”. Estas intervenciones pretenden romper con la rigidez de la masculinidad patriarcal, promoviendo el desarrollo integral del hombre (al igual que en el caso de la mujer) sin que los roles sexistas lo coarten. En relación con el tema de la violencia de género, continuamos dejando a un lado a los chicos/hombres, como si fuese un tema que sólo debiera preocuparnos a las mujeres, pero ¿es que ellos no son parte también de esta misma sociedad patriarcal que justifica dicha violencia?

La-trascendencia-de-los-ambiguo

Hombre, implícate ¿Qué se está haciendo en esta línea?

La Asociación de Mujeres Progresistas de Badajoz realizará en sus XIII Jornadas Mujer y Sociedad: Hombres y Mujeres por la Igualdad un recorrido por los movimientos de hombres por la igualdad y las nuevas masculinidades que incorporará una perspectiva autocrítica masculina.

El Periódico de Extremadura, 24/03/2012.

Desde el IMEX, junto con la Asociación de Desarrollo ELOISA, se ha organizado una charla sobre “Nuevos Modelos de Masculinidad”, buscando alternativas de modelos de convivencia para ellos y ellas. Vislumbrar otras posibilidades, querer realizarlas, y aprender a llevarlas a cabo.

Web de la Casa de la Mujer de Cáceres, 24 de Febrero de 2011.

Tras estas iniciativas se creó un grupo de trabajo por la igualdad y contra la violencia de género dotado de un foro digital, que parece no funcionar demasiado bien, pues apenas tiene entradas, pero del que podemos extraer información muy interesante a través de los enlaces a la web de Hombres por la Igualdad en Extremadura.

En la Universidad de Extremadura se han realizado acciones como los talleres de nuevas masculinidades impartidos en las Facultades de Ciencias, Ciencias del Deporte y Educación. Tras este último se creó un grupo de trabajo, pero, dado que se formó a final de curso y que la mayoría de los que formábamos parte terminábamos nuestros estudios este año, no ha tenido continuidad. Afortunadamente, en esta lucha contra la violencia de género cada vez hay más personas, mujeres pero también hombres, que unen sus voces para decir: ¡BASTA YA!

Para concluir quiero contestar a la pregunta que da título a este texto: son muchos los trabajos que se están haciendo para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres, por lo que recomiendo una actitud positiva pero realista, sin olvidar que nuestro objetivo implica desaprender gran parte de los mandatos de esta sociedad, lo que exigirá un gran esfuerzo, pues muchos de estos valores son muy resistentes al cambio y se encuentran reforzados por mitos y creencias que debemos desmontar. La igualdad es posible y alcanzable y, en mi opinión, sí hay esperanza de que el día de mañana se espere de nosotros y de nosotras como personas y no como mujeres y hombres.

Muchas veces le pregunto a los hombres ¿qué piensas que es la igualdad? Pues es fácil, que las mujeres puedan hacer lo mismo que los hombres. Eso no es la igualdad, para mí no, que la igualdad consista en que las mujeres puedan tener los mismos derechos de los hombres sin revisar cuales son los derechos y poderes masculinos, para mí eso no es igualdad. Tendría que ser que cada uno pudiera alcanzar cualquier meta independientemente de que fuera masculina o femenina esta meta. Por lo tanto no sería una igualdad a los hombres sino una igualdad entre mujeres y hombres.

ERIK PESCADOR.

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