ANTECEDENTES

Julián Rodríguez

HABLA ZULEIKA, MUJER DE PUTIFAR, QUE AMABA A JOSÉ, HIJO DE JACOB

Suave,

después

cruel.

La misma indiferencia medio disfrazada

que aborrecemos

los dos.

Digo tu nombre:

«marido».

¿Tiene sentido decir

que eres mío y yo tuya?

La noche te entrega mi cuerpo,

y yo aborrezco

esos ritos obscenos.

Durante el día sólo ves las cosas

que te rodean.

Ríes y comercias

lejos de mis sentidos de mujer.

Ahora tampoco estás.

Miro las cabras

que regresan, el polvo. Y oigo

el rumor desenfocado del mundo

(las sordas pisadas de las crías en la arena,

los gritos de los niños,

una flauta que suena en cualquier parte.

El oro

oscuro del crepúsculo

se va apagando, muere).

Y pienso en él,

en aquel extranjero reticente, inefable

como cada caída del sol.

Sé que soy suya.

El viento frío agita mi vestido.

En el desierto

las estrellas despuntan.

Mi marido llama.

Bendigo sus nombre, mas no escucho sus palabras.

FILOSOFÍA

D ya no sabe qué decir. Por eso cuelga. Luego levanta otra vez el auricular. Pero no sabe qué decir.

«La sustancia del todo es dócil y adaptable, y la razón que la controla no posee ningún motivo para hacer mal, pues no tiene maldad; no hace mal a nada y nada recibe daño de ella. Todo nace y acaba conforme sus designios».

Va copiando directamente del libro. Fecha de entrega: mañana, viernes.

Suena el teléfono. Una, dos, tres veces. Responde alló, por fantasías. Al otro lado L se ríe ¿Qué hacías?, le pregunta. Nada, miente. Tumbada en el sofá.

Te haré una sinopsis de los últimos días, dice L. Pero D no está para sinopsis: Déjalo, mañana hablamos ¿A qué hora es la fiesta?

L: No hay fiesta. Lo siento. Vienen a casa mis padres.

D: ¿Otra vez está enferma tu madre?

Ladra el perro de L. Te llamo luego, éste se está poniendo insoportable.

Ella deja el teléfono descolgado y vuelve al libro:

«Mira al interior de las cosas: que no se te escape ni su cualidad intrínseca ni su valor».

Llaman a la puerta. El portero automático está averiado, ¿funciona el suyo, señora?

No sabe si funciona. Tampoco le importa: que molesten a los vecinos. Bastante la molestan a ella los clientes del dentista de al lado.

Sí funciona. Gracias.

Si todo es confusión, mezcla de átomos y dispersión, ¿para qué quiero alargar mi estancia en ese conjunto casual y confuso?

Esta pregunta la hace detenerse. Piensa un poco, se dice.

Para ayudarse, mira a través de la ventana de su despacho. Más allá del parque otra nueva línea de edificios en construcción. La ciudad crece, frase favorita de L. D, con sorna, siempre responde: El desierto crece. Nietzsche, dice L, que también estudió filosofía en la Facultad.

Si no hay fiesta, podrá ir al cine. Sola. Sin L. Realmente prefiere ir sola. Sin nadie que la moleste con sus comentarios. Ir y volver sola a casa. Y dormir sola.

Por eso no comparten piso. No es mala cosa vivir así, dice siempre L, aunque hay un deje de amargura en su voz. Prepárate para hacerte vieja, se dice D, frente a la pantalla del ordenador, el espejo de todos los días.

Tengo treinta y tres años, escribe a continuación de la última pregunta. Luego lo tacha con el cursor. No lo borra; lo tacha, como si escribiera a lápiz.

Hago lo que debo hacer. Lo demás, cosas sin vida, irracionales, extraviadas, ignorantes de su camino, no me inquietan.

Todo parece escrito para ella. El sol que ahora llega a su cenit también está dibujado para ella. Las cosas le hablan a ella y sólo a ella. Desde hace años. Desde que tuvo consciencia de que era única y diferente. Y ahora se siente algo más feliz por saberlo. Sin demasiadas dichas, sin apenas dolores: salir a la calle igual que ayer, volver a casa igual que mañana ¿Para qué te sirve entonces la filosofía?, pregunta siempre L.

Olvídalo, se dice. Y escribe:

«Entra en el interior de los demás y permíteles también entrar dentro de ti».

Aunque ya no puede creer en esas palabras las imprime. Y va a la cocina a prepararse un café mientras filosofía y moral juegan al escondite en el papel continuo, lejos de sus entrañas vacías y sanas.

*Ambos textos, poema y relato, pertenecen al libro Antecedentes, Barcelona: Mondadori, 2010.

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