Altertopía

Conchi L. Andrada

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Como cualquier consumidor medio, te acercas al supermercado más cercano. Quizá puedas aprovechar alguna oferta. En la sección de la frutería, las manzanas brillan y las fresas son de un rojo tan potente como la sangre de las pelis de Tarantino. Alguien ha suplantado la fruta por el simulacro de la fruta.

Pero si te gusta que las manzanas sepan a manzanas y que las fresas sepan a fresas, deberías saber que posiblemente tengas cerca de tu ciudad un espacio de cultivo ecológico. Como ocurre en Cáceres. Nos acercamos a la Huerta Sámara, arraigada en las faldas de la Sierra de la Mosca desde 2008, cerca del Residencial Universidad, con vistas al campus. Para nuestra sorpresa, la huerta se había trasladado a otro lugar, si bien lejano, mucho más amplio, en Villar del Rey, a medio camino entre Alburquerque y Badajoz. Aunque en proceso de transformación, el radio de acción de la huerta sigue siendo principalmente Cáceres. Hablamos con el responsable actual de Sámara (http://portalsamara.wordpress.com), que nos cuenta que empezó a trabajar en ella allá por 2007: “la trayectoria del proyecto ha sido ascendente, tanto por la gente que se ha ido acercando para conocernos como por el grado de autoconocimiento que hemos ido alcanzando. Podemos decir que ha sido una plataforma de crecimiento tanto en lo personal como en lo laboral. El nuevo proyecto, la nueva huerta, es una continuación, pero en otro lugar más grande y en solitario. El futuro se presenta bonito, esperanzador; eso sí, lleno de cambios que tenemos ganas de abordar. La gente está más concienciada ahora que cuando comenzamos”.

Además de cultivar alimentos ecológicos, la Huerta Sámara se dedica a impartir talleres de jardinería sostenible y cursos varios, siempre con el objetivo de optimizar el uso de los recursos naturales y de respetar el entorno rural. Evitando el empleo de abonos y pesticidas de síntesis química, el agricultor ecológico favorece la biodiversidad y la conservación de la fertilidad de la tierra. Poco a poco la Huerta Sámara se ha ido convirtiendo en un punto de referencia para toda cacereña en busca de productos ecológicos que pueda recibir en su casa: “hasta ahora el consumidor podía acercarse a la huerta o pedir que le enviáramos su compra a casa. De cara al futuro queremos vender nuestros productos en cestas. También nos rondó por la cabeza la idea de poner una tienda en Cáceres y estuvimos comparando locales comerciales, pero, tras hacer cálculos y considerando la crisis actual, no lo vimos factible. En un futuro nunca se sabe…” la Huerta Sámara funciona como Sociedad Limitada. Preguntamos si ésa es la forma jurídica más adecuada para relacionarse con empleados y consumidores: “decidimos darle forma de S.L. a nuestra empresa porque era la manera más cómoda y rápida de echar a andar. Con el tiempo hemos tenido muchos dilemas morales: no estábamos seguros de si dentro de esta forma jurídica nos sentíamos realmente a gusto. Aunque los empleados somos nosotros mismos y el trato final con el consumidor corre de nuestra parte. Eso es lo más importante. Tiene mucha relevancia conocer quién consume tu producto y que el cliente conozca a la persona que ha cultivado aquello que vas a poner encima de tu mesa”. Pero, como consumidores, ¿cómo podemos saber que un producto es ecológico? ¿Por su etiquetado? La Unión Europea (UE) regula la agricultura ecológica desde el 1 de enero de 2009 por medio del Reglamento (CE) 834/2007 del Consejo de 28 de junio de 2007 sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos. En él se especifican las técnicas de cultivo autorizadas. Asimismo, los productos ecológicos deben llevar obligatoriamente el sello oficial de la agricultura ecológica de la Unión Europea, permitiéndose añadir, además, los logotipos del país o región de origen. La práctica del certificado ecológico resulta altamente conflictiva y muchos de los implicados no están de acuerdo con el mismo: “no tenemos sello ecológico”, nos dicen desde Sámara. “Apostamos más por una certificación social, por que la gente que nos conoce nos avale con su confianza ante las personas que no nos conocen. Aunque reconocemos que hay que seguir trabajando en este aspecto”. La relación productor-consumidor es la clave, por tanto, frente al certificado ecológico oficial impuesto por instituciones que se basan en criterios nada claros para otorgar una etiqueta que, por otra parte, conlleva un alto gasto en tasas.

Además de preocuparse por la sostenibilidad del medio ambiente, el agroecologismo contiene un enorme potencial de transformación social y política, pero requiere colectivos emprendedores con capacidad de innovación que desafíen a las políticas agrarias tradicionales. Preguntamos a Sámara por las cooperativas de productores y consumidores como modelo a seguir: “que un cierto número de personas concienciadas se pongan en contacto con productores de la zona y comiencen una relación directa productor-cliente nos parece uno de los caminos a seguir. De esta manera se acaban los intermediarios que especulan con los precios. Aparte del beneficio de consumir productos locales: nosotros formamos parte de uno de los grupos de consumo de Cáceres, con el que trabajamos suministrándole verduras”. Por suerte, en la región existen otras muchas iniciativas de transformación social: “hemos formado parte de REAS (Red de Economía Alternativa Solidaria), que está instaurada en toda España. Conocemos y hemos trabajado con Extremadura Sana, que es una red de consumidores y productores extremeños que trabaja para hacer que la agroecología sea cada vez más factible en nuestra tierra”. Extremadura Sana es, junto con Ecos del Tajo, una de las iniciativas de comercio de productos agrícolas y ganaderos ecológicos más ambiciosas de la región. Ecos del Tajo, por su parte, se ocupa de labores tan interesantes como la promoción de los alimentos ecológicos en los comedores de hospitales y colegios a lo largo de la cuenca internacional del Tajo. Ambos, nombres que sumar a proyectos como Resembrando e Intercambiando (RdS: http://www.redsemillas.info), un circuito de redes de semillas que intenta recuperar variedades locales adaptadas al entorno y sin modificaciones genéticas.

Y, por último, preguntamos a Sámara por su relación con el 15M, movimiento que se ha mostrado muy interesado, en la teoría y en la práctica, por la agroecología: “todos los miembros de Sámara hemos estado presentes en las manifestaciones organizadas por el 15M. Estamos muy de acuerdo con sus reivindicaciones. Gran parte de nuestra clientela también está muy concienciada, ya que comprar en una huerta ecológica no implica solo sensibilidad por una alimentación sana, sino también ganas de cambiar lo establecido y de participar en otros tipos de economía, consumiendo productos de kilómetro 0, rechazando el cultivo de transgénicos, etc…”

El objetivo es claro: lograr un agrosistema social, ecológica y económicamente sostenible. Si Michel Foucault llamaba heterotopías a esos lugares tanto físicos como mentales que escapan a las relaciones hegemónicas, nosotros podríamos llamar altertopías a esos pequeños espacios como la Huerta Sámara donde otro mundo parece posible.

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