Una pequeña y tranquila existencia

Masao Yamamoto

  

A veces, gracias a Dios, recibo algún que otro comentario agradable sobre mi obra, como éste que reza: “en el transcurso del espacio y el tiempo, Yamamoto logra captar a la perfección la elegancia y el refinamiento de ciertos momentos, de instantes que mucha gente ha visualizado o quisiera visualizar”.

La vida en el bosque hace que a diario sienta vivamente que el ser humano es una parte intrínseca de la naturaleza. Con esta sensibilidad ven la luz mis obras.

Después de mucho tiempo intentando plasmar firmemente sobre el papel toda la variedad de símbolos o representaciones de una naturaleza que me sorprende a diario de mil formas diferentes, tal comentario me parece sumamente adecuado. Me proporciona una enorme felicidad constatar que con tan sólo 20 años de carrera como creador pueda disfrutar de este tipo de entendimiento y comprensión por parte de otras personas.

El 11 de marzo del año pasado tuvieron lugar en el noreste de Japón las terribles embestidas del tristemente conocido terremoto y del tsunami posterior, causantes de gravísimos daños a la población, entre cuyas consecuencias la peor fue la eventual fisión nuclear acaecida en las centrales nucleares de la provincia de Fukushima, convirtiendo dicho incidente en un segundo Chernobyl, algo que el honrado e íntegro japonés de a pie había venido temiendo desde hacía ya mucho tiempo.

Después de este terrible y grave suceso, ha ido llegando a Japón mucha ayuda junto al ánimo y el aliento de todo el mundo. Como japonés, quisiera aprovechar este espacio para transmitirles mi más sincero agradecimiento.

A partir de ahora, los japoneses deberíamos empezar a pensar en cómo corresponder a la ayuda recibida desde tantas y diversas partes del mundo. Lamentablemente, el mundo político y los centros de poder económico y financiero de Japón están dominados por grupos de personas en los que prevalece el egoísmo y la avaricia. En la actualidad, como consecuencia, es difícil vislumbrar en los estamentos oficiales actitudes que favorezcan el debate y la crítica para intentar mejorar la sociedad y las condiciones de vida tanto en Japón como en el mundo en general.

Hoy, sin embargo, he podido leer un artículo del escritor y Premio Nobel japonés Kenzaburo Oe en el periódico nipón Asashi Shimbun, artículo que suscribo y apoyo totalmente.

Kenzaburo Oe, que acostumbra a hacer sonar las alarmas por la situación de Japón, deja constancia en su artículo de su identificación total con la postura del señor Yoshikazu Sakamoto, analista político que escribe para la revista Sekai (Mundo), publicada por la prestigiosa editorial Iwanami Shoten. En su artículo para Sekai, Sakamoto sostiene que “nosotros los japoneses estamos ante el momento y la oportunidad de cambiar nuestra manera de vivir, nuestro estilo de vida cotidiana dominado por el egoísmo y el engreimiento, de buscar el camino para crear un modelo mejor, más ideal, global e integrador que compartir con el resto de la sociedad.

Las terribles consecuencias del terremoto y el desastre posterior provocado por la negligencia del ser humano nos invitan a una profunda reflexión”.

Mientras el mundo político y el poderoso sector financiero nipones se encuentran presos por intereses económicos y pierden poco a poco todo sentido de dignidad humana, hay también en el Japón de hoy en día, naturalmente, muchos creadores y artistas que, como Kenzaburo Oe, expresan de forma independiente y con toda lógica su opinión, libre de intereses creados y partidistas.

Los artistas quizás podamos sentir a menudo una cierta sensación de impotencia ante crisis y desastres naturales, ya que es difícil luchar contra estas tragedias y salvar a la gente damnificada solamente con el concurso de nuestras obras, pero podemos sentirnos orgullosos de no ceder ante los innumerables intereses económicos creados y, por tanto, intentar ayudar expresando nuestra opinión y nuestra filosofía.

Si artistas y creadores dejamos que nos dominen las ideas que priorizan el interés económico, estamos justificando a esta sociedad subyugada por lo económico y, en estas circunstancias, es difícil encontrarle el atractivo a la creación.

Nosotros, los artistas, tenemos la obligación de intentar proponer constantemente cosas distintas, cosas nuevas; si no, no hay “razón de ser”.

Desde los terribles acontecimientos del pasado 11 de marzo, siento cada vez con más fuerza que no somos más que una parte muy pequeña de la naturaleza y, sin la arrogancia de pretender conservarla y protegerla, rezo para que se nos permita vivir en ella, formando parte activa de la misma. Este es realmente el sentimiento, la sensibilidad que domina mi obra.

El economista francés Daniel Cohen decía que posiblemente nos encontremos ya en el amanecer de una época en la que se establecerá una nueva relación entre el ser humano y la naturaleza, una nueva forma de interacción basada en el fenómeno de la digitalización y la revolución biogenética. Pero, a mí y creo que a la mayoría de los japoneses, la frase “una nueva relación entre el ser humano y la naturaleza” nos produce una extraña sensación.

A diferencia del mundo occidental, donde parece prevalecer la oposición entre el ser humano y la naturaleza, en Japón siempre ha existido instintivamente un profundo sentimiento de miedo y respeto hacia la misma. Por eso creamos desde un principio un profundo vínculo de convivencia con ella. Sin embargo, en el Japón actual, este sentimiento ancestral de arraigo a la naturaleza se está perdiendo poco a poco o quizás ya haya desaparecido del todo (la demostración de que los japoneses están perdiendo el respeto por la naturaleza puede encontrarse perfectamente, por ejemplo, en la falta de una verdadera corriente crítica con la construcción en su día de centrales nucleares ubicadas en zonas proclives a movimientos sísmicos y susceptibles de sufrir tsunamis).

Siento que el cambio en la sociedad se está produciendo más bien en la relación entre las personas que entre naturaleza y ser humano. La naturaleza se limita a observar tranquilamente cómo el ser humano atenta estúpidamente contra ella.

En mi obra intento plasmar imágenes que expresen, según mi propio punto de vista, cuentos curiosos del reino de la naturaleza, en la que incluyo al ser humano, en papel fotosensible y con el máximo de belleza y rigor posible. A todos aquellos que se acerquen a mi obra y la aprecien, espero poder trasladarles mi profundo respeto y veneración por todas las cosas que existen en este mundo.

30 de enero de 2012.

Carta abierta que acompaña a la exposición antológica dedicada a su autor por la galería Valid Foto de Barcelona y que puede visitarse del 28 de abril al 14 de junio de 2012. Reproducida aquí con el consentimiento del autor y del comisario de la exposición y director de la galería, Fernando Peracho, al que Sara Mago quiere hacer público su agradecimiento.

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